La plaza del amor

En la tapa de la edición de hoy de Crítica, podemos observar el abrazo de CK y NK, con algunos “agregados” alusivos. Si se estuvieran abrazando un hombre y una mujer comunes, no tendría nada de extraño; inclusive, si uno de ellos el el presidente de la República, tampoco sería algo extraño. Lo grave, lo profundamente grave, es que detrás de ese abrazo se encuentra una enorme angurria de poder y de dominación, la cual no declina si es necesario que muera gente por ello y que esa muerte quede impune. Ni tampoco evitan mostrar a todo el mundo cómo compran a las personas de menores recursos para que “hagan número” en sus actos. Me causa una profunda trizteza, un profundo desazón. No obstante, confío, espero, anhelo que alguna vez tendremos un gobierno que gobierne para el país y no para sus propios intereses; será una utopía, pero sueño con ello. Argentina es mucho (pero MUCHO) más que CABA y el Conurbano.

El joven tucumano Carlos Marriera (21 años), quien murió al caerle en la cabeza una farola en Plaza de Mayo, había llegado a Buenos Aires(por primera vez) junto con un contingente de 200 personas provenientes de varios puntos de esa provincia. Era uno de los típicos viajes armados por dirigentes y punteros políticos que responden al gobernador José Alperovich, vieja práctica clientelar que el peronismo ha pagado con dinero público durante décadas.

Uno de los compañeros del infortunado Marriera, quien solicitó reserva de su identidad, admitió que para participar del acto kirchnerista se le había entregado una suma de “100 pesos, dos sándwiches y una gaseosa”.

La revelación fue recogida por DyN de parte de una persona que integraba la delegación tucumana, en inmediaciones del Hospital Argerich, adonde fue derivado de urgencia y donde murió el infortunado joven.

El accidente ocurrió a las 11, poco después de arribar a la Ciudad, y mientras caminaba cerca de la Pirámide junto a un compañero de la Municipalidad de San Isidro de Lules, localidad ubicada a 18 kilómetros de San Miguel de Tucumán.

“Estamos esperando que nos traigan el almuerzo, son las dos de la tarde y todavía no comimos nada”. Mirta De Lima está indignada. Tiene hambre. Viajó 14 horas desde Oberá, Misiones, para estar hoy en la Plaza de Mayo.

El movimiento Federación Tierra y Vivienda (FTV) que comanda Luis D’Elía le prometió el pasaje y la comida a cambio de su presencia en el acto de esta tarde transmitido por Cadena Nacional. Y Mirta aceptó por una sola razón: “Quería conocer Buenos Aires, a mi Cristina y su acto no me importan”.

Promesas incumplidas. El viaje no fue lo que esperaban. En la ruta hacía frío y los dirigentes a cargo del micro que llevaba a 48 personas decidieron comprar whisky en lugar de comida. “Compraron 5 botellas y el presupuesto para el grupo era de 300 pesos”, cuenta enojado José, otro misionero que se siente estafado.

A las dos y media de la tarde Mirta, José y cinco personas más -una de ellas embarazada y otra de apenas cuatro años- recibieron el almuerzo en una bolsa de nylon. Había pan, fiambre y mayonesa para un total de cinco sándwiches. Para tomar tenían una gaseosa de un litro y medio que les habían dado a las nueve de la mañana, cuando llegaron a la Plaza. Eso fue todo.

Los misioneros de D’Elía dicen estar acostumbrados a que los punteros políticos les ofrezcan comida a cambio de participar de movilizaciones. “Pero lo de hoy es una estafa, tenemos hambre”, repite Juan.

A pesar de la institucionalidad que profesa Cristina en sus discursos, el clientelismo político sigue intacto.

Fuente: perfil.com y criticadigital.com

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