Archive for 8 agosto 2008

Seguimos mirando hacia afuera

agosto 8, 2008
Después del memorable “Mi voto no es positivo”, los que no apoyamos la gestión K pensamos que la Presidente se dedicaría a gobernar para todos los argentinos para armar un país federal y equitativo, con el beneficio de todos. Pero no, la patota K quedó “mascando el freno”, tratando de pisotear y escrachar a quienes no pensamos como ellos. Ha habido varios actos y acciones en esa dirección, pero la visita de CFK a Mendoza ilustra muy bien la bajeza con la que se pretende gobernar el país. Lamentable, muy lamentable. Les comparto la nota de referencia, tomada de “Mendoza Online”:

La presidenta de la Nación, no vino a Mendoza a inaugurar una obra que impulsó y dejó casi lista la gestión anterior de Julio Cobos en Mendoza. Cristina vino a Mendoza, en realidad, a hacer política, a marcarle la cancha a Julio Cobos en su propio terruño y lo hizo al tiempo que, desde el Bustelo, decía “Abran la válvula” para poner en funcionamiento el gasoducto Beazley-La Dormida. Quiso ser ejemplificadora; quiso que todo el país la viera sonriente en Mendoza; quiso y lo hizo.

Para ello, se valió de armas diversas: para empezar, de un cambio de tono contundente en sus maneras, apareciendo como más reposada, reflexiva, casi exhibiendo la actitud de serenidad ante la victoria que tienen los justos, pero, a la vez, evitando toda mención a aquel en quien se centra su furia contenida. Y no hace falta ser un psicólogo para saber que una persona de su investidura jamás puede recurrir a la negación del problema y, peor aún, al cierre de las posibilidades de diálogo. Si así lo hace, explota por otro lado y las explosiones temperamentales no deben ser propias de mandatarios.

La conclusión es natural: si una teoría abonó esta visita, es la que indica que la Argentina lejos está de sentar a sus actores más relevantes para buscar modos de escapar de la crisis, cada vez más acentuada en lo político-institucional y en lo financiero.

La presidenta de la Nación vino a Mendoza a hacer política, en este caso, a través de un ejercicio de poder. Reunió a seis gobernadores, dio un par de discursos y hasta permitió y promovió que un radical ortodoxo como Víctor Fayad se sentara en su mesa, en tanto el titular de la Ciudad de Mendoza, que la cobijó.

Uno de los datos más importantes es el que indica que, por primera vez desde su asunción, Cristina Fernández tuvo un mensaje claro de apoyo para Celso Jaque, quien, aún desde antes de que asumiera, venía dispensando una catarata de minuciosos elogios y pruebas de amor no correspondidas, al menos en público.

En noviembre del año pasado, Jaque dijo que el gobierno de Cristina encaminaría a Argentina a ser una “potencia mundial”. Nueve meses después, tras durísimo trabajo de parto del malargüino, pero gracias a la inesperada intervención de un “Cobos partero”, la presidenta dio a luz su apoyo a una gestión cascoteada por naturaleza: “Jaque es un gobernador que quiere transformar el país”; “es un gran gobernador”; “Nadie conocía aeste gobernador que tiene tantos anhelos y sueños para transformar el país”,

Finalmente, Celso Jaque lo había conseguido, aunque es dable pensar que por segundas intenciones de Cristina, porque la primera era venir aquí y marcarle la cancha al vicepresidente “in your face”. Y vaya si lo hizo.

El mensaje fue claro, no sólo para Cobos, sino para todo el arco opositor que festejó la resolución de la novela agraria en el Congreso Nacional. Al mismo tiempo, esta visita terminó de desnudar la realidad argentina tras la 125.

Hoy por hoy, las mejores energías de estos días en el país están centradas en el armado de trenzas políticas para enfrentar las trenzas políticas que urden los “enemigos”. El imperio “K” se rearma, su oposición busca identidad, el cobismo busca traje para ponerse ante unos y otros y los que quedan sueltos miden cada uno de sus pasos, porque la aguja de la simpatía popular puede dispararse hacia cualquier sitio.

Estos son los desvelos actuales en una Argentina donde la inflación y el riesgo país se sienten cada vez más cómodos y nosotros cada vez más incómodos.